
Este es el ave más común en nuestra ciudad, junto con los gorriones y los mirlos. No se les suele prestar atención pues para unos es un encanto (niños y mayores disfrutan dándoles comida en las plazas y parques) y para otros es un incordie (excrementos que dañan y manchan el patrimonio, los coches, los bancos; palomas que se suben a las mesas de las cafeterías tirándolo todo, etc.). Pocos son los ciudadanos que saben que el Ayuntamiento se encarga de la alimentación de las palomas con unos comederos en puntos estratégicos. Por este motivo, no se les debe de dar comida fuera de estos sitios para no “enviciarlas” en puntos de la ciudad en que provocan destrozos. También se habrán dado cuenta los ciudadanos que hay menos palomas. Es debido a unas redadas, en las que el “excedente” de palomas (las sobrantes, las enfermas y las “tullidas”) se llevan al gran palomar de Cañada Hermosa, donde una vez esterilizadas, viven hasta el final de sus días. Esto se hace con el fin de controlar la población de palomas y evitar las enfermedades que pueden contraer en grandes concentraciones.
Otra cosa curiosa sobre las palomas de ciudad es que se están haciendo estudios sobre las mismas, con la participación ciudadana.

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